Desconfiar no es ignorancia: de dónde viene el recelo de nuestra gente hacia los seguros

Cuando alguien me dice "yo no creo en los seguros", no me lo tomo como un ataque. Llevo 15 años en esto y casi siempre esa frase trae una historia detrás. A veces es propia, a veces es del papá, de una tía o de un compadre. Y casi nunca tiene que ver con no entender cómo funciona un seguro. Tiene que ver con haber visto cómo funciona cuando sale mal. Por eso quiero decirlo claro desde el principio: desconfiar no es ignorancia. Es memoria. Y la memoria de nuestra gente tiene buenas razones para estar alerta.
De dónde viene el recelo
Muchos de nosotros crecimos en lugares donde las instituciones no cumplían. Bancos que cerraban de un día para otro, ahorros que se evaporaban con una devaluación, empresas que cobraban puntual y a la hora de pagar desaparecían. Si creciste viendo eso, lo raro sería que confiaras a la primera en alguien que te pide un pago mensual a cambio de una promesa a futuro.
Y aquí en Estados Unidos tampoco faltan motivos. Estas son las razones que más escucho cuando me siento a platicar con una familia:
- El vendedor que llegó muy amable, firmó la póliza y luego ya no contestó el teléfono.
- La letra pequeña en inglés que nadie explicó, y que al final decía algo distinto a lo que se prometió.
- El "notario" o el supuesto asesor que cobró por un trámite que nunca hizo.
- El miedo a dar datos personales sin saber a dónde van a parar ni quién los va a ver.
- La póliza que se canceló por un pago atrasado y nadie avisó a tiempo.
Lo que esa desconfianza te ha protegido
Quiero ser justo con ese recelo, porque también ha servido. Gracias a él muchas familias no cayeron en fraudes, no firmaron contratos que no entendían y no le dieron su información a cualquiera. Esa cautela es una forma de cuidar a los tuyos. No hay que tirarla a la basura.
El problema aparece cuando la desconfianza se vuelve una puerta cerrada para todo. El riesgo no desaparece por no pensar en él. Un funeral en Texas cuesta en promedio unos $9,200, según la NFDA, y las cotizaciones que yo he visto van de $4,000 a $18,000. Cuando no hay nada preparado, esa cuenta la termina pagando alguien de la familia, muchas veces con tarjetas, préstamos o una colecta entre parientes.
Desconfiar no es ignorancia. Es memoria.
Cómo desconfiar bien
- ¿Tiene licencia en mi estado? Pídele su número y búscalo en el departamento de seguros de tu estado. El mío es Lic. TX #3008095, NPN 17440153.
- ¿Qué compañía respalda la póliza? El agente no es la aseguradora, y tienes derecho a saber quién paga.
- ¿Qué pasa si me atraso en un pago? Pregúntalo antes de firmar, no después.
- ¿A quién le llega el dinero? En un seguro de gastos finales, el dinero va directo al beneficiario que tú eliges.
- ¿Me lo puede explicar en español, por escrito y sin prisa? Si la respuesta es no, ahí tienes tu respuesta.
Lo que yo hago distinto
No te voy a pedir que confíes en mí porque sí, ni te voy a decir que la oferta se acaba mañana. Te explico qué cubre cada opción, qué no cubre y cuánto cuesta. Un seguro de gastos finales empieza desde $30 al mes, sin examen médico, para edades de 30 a 85 años, y acepta condiciones comunes como diabetes o presión alta. La aprobación suele tardar alrededor de 48 horas. Todo eso está sujeto a aprobación y varía según tu edad y tu salud, y te lo digo así, sin adornos. Si después de hablar decides que no es para ti, está bien. Prefiero una familia bien informada que una póliza mal vendida.
Si tienes dudas, o simplemente quieres hacer tus preguntas con calma, llámame. Pregunta todo lo que quieras, para eso estoy.
Llamar al 1-877-401-1777La cobertura está sujeta a aprobación y varía según edad y salud. Mario Barrera es agente de seguros licenciado (Lic. TX #3008095, NPN 17440153) en Texas, California, Florida, New York, Illinois, Arizona, Virginia y Maryland. Este artículo es educativo y no sustituye la lectura de los términos de tu póliza.
¿Tienes dudas sobre tu cobertura?
Primero reviso lo que ya tienes, sin costo. Luego te digo honestamente si necesitas algo más.